lunes, 25 de abril de 2011

Dolares tuneados

Definitivamente estan fumando algo..!!

lunes, 24 de enero de 2011

sábado, 1 de enero de 2011

estas flores me recordaron a ti

Vi estas flores y al ver su belleza, y la blanquez de su color
viniste tu a mi mente....

no se por que, si por la comparacion de lo linda que me pareces y lo puro de tu carino y la inocencia que proyectas.!!


TQM...
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martes, 30 de noviembre de 2010

sábado, 29 de mayo de 2010

El triple filtro de Sócrates

SOCRATES SABE DE ESA BAINA

A menudo contribuimos a expandir rumores y bulos sin apenas darnos cuenta. Hablamos mucho más de otros que de nosotros mismos, cuando debería ser al revés. ¿De qué voy a hablar con un mínimo de autoridad si no es de mí mismo, de cómo me siento y de cómo observo las cosas desde mi propia perspectiva? Hablar de mí mismo y del mundo que me rodea desde mi propio criterio es para mí la única manera de hablar y relacionarse con los demás de una manera coherente. Repetir como loros palabras que hemos oído sobre otras personas es eso, repetir como loros.


Circula por ahí una historia sobre Sócrates, el antiguo sabio griego. Al margen de que esta historia sea cierta o no, puede hacerte reflexionar sobre las cosas que dices cada día.


Cuentan que un día un conocido se encontró con el filósofo y le dijo:


—Sócrates, ¿sabes lo que acabo de oír acerca de un amigo tuyo?


—Espera un momento —replicó Sócrates—. Antes de continuar me gustaría que pasaras un pequeño test a lo que vas a decir. Lo llamo el triple filtro.


—¿El triple filtro?


—Eso es. Antes de que digas nada sobre mi amigo puede ser una buena idea tomar un momento y filtrar lo que me vas a decir. El primer filtro es el de la verdad. ¿Estás completamente seguro de que lo que me vas a decir es verdad?


—No —respondió el otro—. Solamente acabo de escucharlo…


—Está bien —dijo Sócrates—. Entonces no sabes si es cierto o no. Ahora el segundo filtro, el de la bondad. ¿Es acaso bueno lo que vas a decir sobre mi amigo?


—No, más bien todo lo contrario.


—Así que lo que me vas a decir es malo, y realmente no sabes si es cierto. Bien, todavía queda el filtro de la utilidad. Lo que me vas a contar sobre mi amigo, ¿es útil para mí?


—No, probablemente no.


—Bien —continuó Sócrates—. Desconoces la veracidad de lo que me quieres decir. Además es malo e inútil. ¿Entonces para qué quieres contármelo?




Reflexionemos un momento antes de hablar sobre otros.




¿Cuál es el mayor número posible?

¿Cuál es el mayor número posible?: "

Ante la pregunta de cuál es el mayor número concebible, la repuesta es sencilla: el número infinito.

Pero el matemático Georg Cantor (San Petersburgo, 3 de marzo de 1845 – Halle, 6 de enero de 1918) elaboró ingeniosos argumentos que demostraban la existencia de diversos infinitos diferentes, y algunos de ellos eran más grandes que otros… es decir, más infinitos.

El tipo menor de infinito es el que se obtiene simplemente contando sin descanso para siempre: 0, 1, 2, 3, 4… y así hasta el infinito. Este número lo llamó Alef0 (que recibe su nombre de la primera letra del alfabeto hebreo). Este número pertenece a lo que Cantor llamó números transfinitos.

Esta clase de números poseen determinadas propiedades. Por ejemplo, si se suma Alef0 a sí mismo se obtiene sencillamente Alef0. Y lo mismo pasa si se multiplica a sí mismo.

Cantor también demostró que existen otros infinitos incluso mayores, empezando por el Alef1, un número tan grande que ni siquiera puede alcanzarse contando durante una cantidad infinita de tiempo.

Resulta que también hay un número infinito de más infinitos, cada uno mayor que el anterior, hasta llegar al mayor de todos ellos, conocido como el infinito absoluto y denominado Omega.

Este número es tan vasto que es literalmente indescriptible; de hecho, su definición se basa en la idea de que cualquier intento por describirlo acabará siempre describiendo algo inferior. Como si el número fuera Dios. De hecho, Cantor escribió artículos religiosos sobre el tema.

Cantor Murió en una clínica psiquiátrica de monjas, aquejado de una enfermedad maníaco-depresiva provocada por sus intentos de comprobar matemáticamente la Hipótesis del continuo: No existen conjuntos cuyo tamaño esté comprendido estrictamente entre el de los enteros y el de los números reales.




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lunes, 24 de mayo de 2010